En este blog se permite fumar, aunque recomiendo no hacerlo en agradecimiento a una excelente homeópata a la que debo mucho. Se prohibirá terminantemente el día en que desaparezcan las armas atómicas, las centrales nucleares y sus residuos, la contaminación, la desertización y la pederastia. ¡Ah!, se me olvidaba, también se pueden dejar comentarios.

jueves, 1 de marzo de 2012

Monólogos con la espada

Imagen tomada de www.bosquemingshu.com
Espada, mi fiel espada,
destructora en la batalla
de cualquier cota de malla
por más dura y acerada:
yo sin ti no fuera nada,
tú sin mí muy poco fueras,
y las gentes venideras
nos unirán en la Historia,
pues fuimos uno en victoria
frente a traiciones arteras.

Silenciados los clamores
de fierros y mesnaderos,
nos contemplan los luceros
cuando llegan los albores
del día, que, bullidores,
los pájaros enramados
celebran esperanzados.
Estoy abrazado a ti
y tú te apoyas en mí...
como dos enamorados.

Debajo, el valle profundo;
encima, el azul del cielo;
los pies firmes en el suelo,
paramos por un segundo
el cronómetro del mundo
y contemplamos serenos
cómo se han venido a menos
de otros tiempos las grandezas,
y cómo, con mil vilezas,
siempre se agravia a los buenos.

Oigan los montes mi llanto,
que no lo oirá nadie más
aunque por siempre jamás
me persiguiera el espanto.
¡Vive Dios!, que duele tanto
este solitario andar,
este continuo penar
entre las sombras oscuras,
que se abren las sepulturas
para mirarnos pasar.

Bendita sea la vida,
porque nos dio la experiencia
que formó nuestra conciencia
para que fuera aguerrida
y cualquier acometida
soportara con valor,
y despreciando el dolor
mantuviera la certeza
siempre firme en mi cabeza
de que hay un mundo mejor.

Conocimos a la Muerte
-esa negra compañera-
desde la lucha primera,
y aunque quiso nuestra suerte
que siempre mi brazo fuerte
la alejara con tu filo,
sé que he de ser su pupilo.
La respeto y no la temo,
pues la gobierna el Supremo
con justicia y con sigilo.

Está cayendo la noche
sobre el bosque silencioso,
y el arroyo rumoroso
se derrama en un derroche
de perlas, divino broche
con que se orna la montaña
sobre la roca y la braña,
mientras la desolación
me devora el corazón
más fiera que una alimaña.

¿Qué fue de aquellas doncellas
que alegraban mis mañanas
con sus canciones galanas,
siempre risueñas y bellas...?
Moran entre las estrellas,
igual que mis compañeros
de tantos lances guerreros,
y es tan cruel mi soledad
que lamento de verdad
no haberme ido yo primero.

Mas sigamos el sendero
a la luz de la alborada
yo, mi caballo y mi espada.
Sea mi guía señero
y mi maestro primero
el Cielo en su inmensidad,
que nunca su caridad
me dejara abandonado,
ni perdido, ni humillado
a pesar de mi maldad.

(Servidor de ustedes)

2 comentarios:

  1. Una maravilla de poema, compañero. Si consigo deshacerme del bloqueo que tengo, te escribiré dedicado a tu poema, la respuesta de las espada y si no puedo hazlo tu, que te sobra talento.
    UN GRAN ABRAZO CON TODO MI AFECTO.

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  2. Un gustazo tenerte por aquí de nuevo, amigo mío. Ya me explicarás (por otra vía, supongo) qué es eso del bloqueo. Un abrazote.

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