En este blog se permite fumar, aunque recomiendo no hacerlo en agradecimiento a una excelente homeópata a la que debo mucho. Se prohibirá terminantemente el día en que desaparezcan las armas atómicas, las centrales nucleares y sus residuos, la contaminación, la desertización y la pederastia. ¡Ah!, se me olvidaba, también se pueden dejar comentarios.

martes, 13 de mayo de 2014

Déjanos en paz, terrícola





DÉJANOS EN PAZ, TERRÍCOLA
(En recuerdo de “Clark Carrados”, a quien no conocí pero que despertó en mí la curiosidad reverente ante el Universo)


Déjanos en paz, terrícola.
Retorna a tu peñasco
colgado de las sombras del espacio;
a ese planeta azul
que tuvo la desgracia de acogerte,
y déjanos en paz...
¿Cómo te atreves tú,
precisamente,
a hacer de misionero sideral?
¿Qué méritos posees?
¿Qué verdades eternas
conoces y respetas?
Pon en marcha –si puedes-
ese trasto ridículo
de chapa y de plaquetas,
y vuélvete a tu mundo
para seguir jugando a los profetas.
Has matado tus mares y tus ríos.
Has talado los bosques más umbríos.
Has sembrado de muerte y destrucción
la Tierra entera,
despreciando la lóbrega miseria
de tus gentes
por llegar hasta aquí,
conquistador ufano,
necia mente.
Recuerda, por tu bien,
que hay un Dueño y Señor
del Universo
y que, por ello,
ni el más ínfimo rincón
de la última galaxia
requiere vuestra colonización.
Vuelve a tu casa;
a ese triste lugar
atormentado
del Sistema Solar,
que debió exterminaros
en la cuna del tiempo
cuando erais arborícolas,
cavernícolas
y silvícolas.
Márchate ya.
No nos cuentes milongas.
¡Déjanos en paz, terrícola!