En este blog se permite fumar, aunque recomiendo no hacerlo en agradecimiento a una excelente homeópata a la que debo mucho. Se prohibirá terminantemente el día en que desaparezcan las armas atómicas, las centrales nucleares y sus residuos, la contaminación, la desertización y la pederastia. ¡Ah!, se me olvidaba, también se pueden dejar comentarios.

domingo, 15 de noviembre de 2015

El último caballero





EL ÚLTIMO CABALLERO

¿Resurgirás un día,
Arturo, buen amigo,
del polvo del olvido,
para servir de guía
a nobles caballeros
de otra Tabla Redonda,
que incansables recorran
boscajes y senderos,
defendiendo el honor
del humilde ultrajado,
o el pudor recatado
de una doncella en flor?
¿Retornarás, quizás,
empuñando tu espada
Excalibur amada,
para que nunca más
puedan prevalecer
las burdas injusticias
y ruines inmundicias,
o el innoble placer,
sobre la honra serena,
la virtud bondadosa,
el primor de una rosa
y la verdad sincera?
Anhelo tu regreso,
mi buen rey y señor,
reforzado el valor
y con mi brazo presto
para empuñar la espada,
en abierto combate
contra el feroz embate
de la horda desalmada.
Aunque los férreos muros
de Camelot cayeron;
aunque sólo el silencio
se escucha, en un susurro
que hiere el corazón
y es un triste lamento
que vuela con el viento
igual que una oración;
aunque tus caballeros
duerman el sueño eterno
en el seno materno
del umbrío robledo,
yo espero confiado
que ondeen las banderas;
que petos y cimeras
retornen del pasado
y brillen bajo el Sol
naciente en la mañana,
tras de la trompa ufana
y del ronco atambor.
Cuando volváis al mundo,
mis bravos caballeros,
no encontraréis guerreros:
tan sólo un vagabundo
rodeado de corderos
a merced de los lobos;
tan sólo un pobre loco
en medio de los cuerdos.
Llamadme, os lo suplico,
y me uniré a la tropa
en busca de la Copa
que usara Jesucristo.
Las fuerzas del amor,
justicia y esperanza,
serán certeras lanzas
de un nuevo Camelot
que luzca eternamente
como un faro en la noche,
extinguiendo el reproche
y el miedo entre las gentes.
A Dios encomendado
aguardo tu regreso,
igual que espera el preso
su finiquito ansiado.
Aquí humilde te espero
desnudo como estoy,
pues el último soy
andante caballero.
Parezco un miserable,
pero, ¡soy un guerrero …!

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