En este blog se permite fumar, aunque recomiendo no hacerlo en agradecimiento a una excelente homeópata a la que debo mucho. Se prohibirá terminantemente el día en que desaparezcan las armas atómicas, las centrales nucleares y sus residuos, la contaminación, la desertización y la pederastia. ¡Ah!, se me olvidaba, también se pueden dejar comentarios.

sábado, 16 de enero de 2016

A Lucía







A LUCÍA

(4 de junio de 2000) 



Deliciosa florecilla
de los llanos parameros
que rompen Eslas y Dueros
alanceando Castilla;
revuelo de mariposa;
gracejo de mariquilla;
fresca quietud de capilla;
castellana primorosa;
santa y bendita inocencia;
fragante aroma de rosa
que perfuma la brumosa
madrugada de Palencia
y se incendia bajo el Sol,
esparciendo sus esencias
para envolver las ausencias
en cortinas de arrebol:
Malhaya quien tu nobleza
—refundida en el crisol
del campesino español—
no venere y tu majeza.
Que no se mide la altura,
ni el honor, ni la grandeza,
ni la honradez, ni la alteza
de la humana criatura
por la alcurnia de su cuna,
sus forzadas aposturas,
su presupuesta bravura
o su cuantiosa fortuna,
pues que la gloria se alcanza
enfrentando las hambrunas
y las miserias perrunas
con valerosa confianza.
Si naciste de pastores
y entre gentes de labranza
ensalzaste tu crianza
con dichos y con labores.
Maldito sea mil veces
el que te guarde rencores,
y quien te dé desamores
a todos los santos rece,
pues siempre habrá un caballero
que, con la fuerza de trece,
justicie al que lo merece
porque te ofendió primero.
Malhaya en noche y en día,
de la alta nube al estero
y desde enero hasta enero,
quien no te quiera, Lucía.

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