En este blog se permite fumar, aunque recomiendo no hacerlo en agradecimiento a una excelente homeópata a la que debo mucho. Se prohibirá terminantemente el día en que desaparezcan las armas atómicas, las centrales nucleares y sus residuos, la contaminación, la desertización y la pederastia. ¡Ah!, se me olvidaba, también se pueden dejar comentarios.

lunes, 26 de junio de 2017

A la tortilla de patata






A LA TORTILLA DE PATATA


Va este humilde soneto hoy dedicado
-tras meses repicando por mi mente-
a un manjar degustado alegremente,
que surge entre las sombras del pasado

por mor de un militar embigotado
de las Guerras Carlistas combatiente,
o de un particular terrateniente
en la extremeña Historia recordado.

Imposible saber quién la inventara,
no hay comida mejor ni más barata,
ni rico o pobre hogar en que faltara,

ni mente gilipuertas e insensata
que feroz en su empeño rechazara
una rica tortilla de patata.


(Servidor de ustedes)

viernes, 16 de junio de 2017

Cantos de soledad







CANTOS DE SOLEDAD


I



¿A quién he de culpar

si tengo el corazón paralizado;

si, en vez de roja sangre,

por mis podridas venas

apenas se desliza,

como mortal serpiente inanimada,

un torrente de arena?

¿Quién podrá consolar

—de qué manera—

este vivir que es muerte

estrafalaria, inútil;

que es apagón de llama;

que es quimera?

Sólo puedo sentir

que no puedo sentir

lo que sentía,

y este torpe marchar

tan sin sentido

es ceguera que se troca

en agonía.


II



Hago como que hago

para matar el tedio

y llenar, con un soplo de vida,

esta cruel soledad

que es un lamento.

Dichoso el perseguido;

feliz el denostado;

gentil el criminal

que borra su pasado

con trazos de honradez

en cualquier lado.

Mas desgraciado el hombre

que antes fuera certero,

seguro de sí mismo,

cuando se encuentra solo

al borde del abismo.

Hago como que hago

para matar el tedio,

mientras cada segundo

va arrancando, a bocados,

mi vida sin remedio.


III



Maldito día gris

que en lluvia rompes

aquel bruñido azul

del limpio cielo.

Maldito día gris

que lloras sangre

brotada de mi carne

y de mis huesos.

Tu empañada mirada

es mi mirada;

tus errantes celajes

son mi alma;

tu tétrico vacío

me acongoja

y transforma en terror

mi tensa calma.

Si hasta la luz del Sol

me fue negada

y ya escuchar no puedo

el canto de las aves,

que buscaron cobijo

en la enramada,

habré de hallar mi fuerza

en mis pesares.

Negras puertas cerradas

a mi paso,

no escucharéis mi voz

ni mi lamento:

el roce de mis pies

entre la niebla

llave de oro ha de ser

en su momento.

Maldito día gris

que en frías dudas

conviertes mis certezas

más tozudas.

(Servidor de ustedes)