En este blog se permite fumar, aunque recomiendo no hacerlo en agradecimiento a una excelente homeópata a la que debo mucho. Se prohibirá terminantemente el día en que desaparezcan las armas atómicas, las centrales nucleares y sus residuos, la contaminación, la desertización y la pederastia. ¡Ah!, se me olvidaba, también se pueden dejar comentarios.

jueves, 31 de marzo de 2011

El motor de agua

Hace muchos años que tengo muy claro que nos engañan como a verdaderos imbéciles que somos, y uno de los engaños más grandes es el que se refiere a los problemas energéticos derivados del uso de combustibles fósiles, con su contaminación añadida. ¿Habéis observado que el petróleo puede subir o bajar de precio, pero la gasolina y el gasóleo nunca bajan? ¿Quiénes nos venderán -o, al menos, lo intentarán- los combustibles del futuro?: los mismos que hoy en día llenan nuestros depósitos a precio de oro.
No voy a extenderme más. Eso sí, os dejo tres vídeos muy interesantes. Si disponéis de 15 minutos, no dejéis de verlos; merece la pena.
Bendita sea Internet, porque hace que la verdad sea cada vez más difícil de ocultar. 
Cualquier día nos la cierran; ya veréis...


5 millones de dólares en un día

El actor Leonardo Di Caprio recibirá 5 millones de dólares por rodar un anuncio para una compañía china de telefonía. El rodaje le supondrá un día de trabajo.
¿Alguien tiene dudas de por qué el mundo está como está...?
Sin comentarios; sólo algunas imágenes ilustrativas.





miércoles, 30 de marzo de 2011

Fukushima, mon amour, o el tiempo todo lo borra.



No sólo tenemos una débil memoria, sino que nos bombardean continuamente con un cúmulo de información que lo único que consigue es distraernos. Quizá, precisamente, ése sea su objetivo.
Las consecuencias del incidente en la central nuclear de Fukushima son imprevisibles, y más para nosotros, que carecemos de datos fiables. Intuimos que la cosa ha sido -y será- gorda, pero esperamos anhelantes cualquier comentario que nos tranquilice de una vez por todas.
Pero dentro de poco -al tiempo- todo estará olvidado.
¿Quién recuerda el fallo de la central de Three Mile Island, en Pensilvania? ¿Quién recuerda, siquiera, el mes en que se produjo la crisis de Chernobyl? ¿Quién es capaz de retener en su memoria los incidentes habidos en centrales nucleares españolas...?
De nuestros fallos de memoria se beneficia el "lobby" nuclear, que sólo tiene que esperar el paso del tiempo para seguir haciendo de las suyas. El tiempo siempre juega a su favor, porque nuestra memoria es débil, pero su codicia no.
Las partículas de yodo 131, procedentes de Fukushima, han llegado a la costa este de China; cuatro de los seis reactores de esta central han vertido material radiactivo al aire y al mar; la gente evacuada no podrá regresar "próximamente" a sus hogares; el nivel de yodo radiactivo en el mar, cerca de la central, es 3.335 veces superior al límite de seguridad legal; hay plutonio en el suelo de las instalaciones, y una nube radiactiva alcanzó California el pasado viernes, día 18, y se extendió luego hacia Utah, Nevada y Arizona, pero los medios de comunicación ya no publican la noticia en primer lugar, ni en segundo, ni en tercero; ahora hay asuntos más importantes que tratar...
Y en pocas semanas nadie se acordará de Fukushima.
Eso es lo que están esperando. Como siempre.
Hablan de cubrir con telas los reactores; de desmantelar por completo las instalaciones... 
Una cosa es cierta: el daño ya está hecho, y si Fukushima hubiera sido una central térmica, todo eso no habría pasado.
Aunque desmonten pieza a pieza la central nuclear de Fukushima -lo que puede llevar años-, la zona ya está maldita, y los restos nucleares, se pongan donde se pongan, seguirán activos durante 20.000 años.
No voy a escribir más sobre este asunto (salvo que sea absolutamente necesario), pero tampoco voy a olvidar.
No olvidéis vosotros.
La energía nuclear no es barata, ni limpia, ni segura.

martes, 29 de marzo de 2011

La primavera la sangre altera



No hay duda de que la primavera la sangre altera. Si no estáis de acuerdo, fijaos en este ejemplar de ánade real, también llamado azulón, fotografiado por mi hija en el Parque de Salburúa, en las cercanías de Vitoria, el pasado fin de semana. Ya sé que la fotografía es casi pornográfica, y que atenta contra la intimidad del afectado, pero la culpa es suya por mostrar sus atributos en público, sabiendo que había niños cerca, y, sobre todo, fotógrafos.

domingo, 20 de marzo de 2011

A 10.000 kilómetros de Fukushima

Explosión en la central nuclear de Fukushima


He dejado que pasen los días; voluntaria y conscientemente...
Me he estado conteniendo para no soltar una sarta de exabruptos contra todos los que nos han vendido la energía nuclear como "la más económica, limpia y segura", aduciendo, además, que es "la única que puede satisfacer nuestras necesidades energéticas para el futuro", cuando Greenpeace ya ha presentado un proyecto que cubriría 56 veces la necesidad de energía eléctrica en España en el año 2050, utilizando únicamente las renovables.
Mi primera intención fue escribir un artículo poniéndome por sombrero hasta a la madre que los parió, pero no tiene sentido. He leído muchísimos comentarios desde que empezó la crisis de Fukushima, y observo con cierto desaliento que aún hay gente -no sé si de buena fe, o movida por intereses particulares- que defiende la necesidad de las centrales nucleares. Es más, algunos venían a decir que no se utilice la catástrofe de Fukushima para despotricar contra la energía atómica, pues se trata de un simple accidente sin mayor trascendencia, que no invalida la necesidad de las plantas nucleares para un futuro energético seguro.
¡Manda cojones...!
¿Es que no son capaces de ver que si Fukushima hubiera sido una central eólica, solar o hasta térmica, el problema no habría existido, a pesar de terremotos y tsunamis...?
Los problemas de las nucleares son siempre los mismos. Mientras funcionan regularmente -tengo una instalada a 40 km. de mi casa- todo va bien, si exceptuamos la gestión de sus residuos, que son transportados de matute y enterrados en lugares más bien ignotos, y que permanecen activos durante 20.000 años. ¡¡¡20.000 años, señores...!!! Un legado envenenado que recibirán por sorpresa las  siguientes doscientas generaciones de seres humanos, sin comerlo ni beberlo. Pero cuando fallan -y no ha sido ésta la primera vez, ni será la última-, cuando se "descontrolan", no hay hijo de madre que las vuelva a controlar, al menos de inmediato. No son como el motor de un coche, que se para con girar la llave de contacto. Así que ahora, en Japón, hay gente directamente afectada por las radiaciones -trabajadores y bomberos de la central-, incremento de los niveles radiactivos hasta en Tokio, y contaminación radiactiva de aguas y alimentos, sin contar con los problemas que surgirán con la pesca en el mar y en los ríos. Y estos problemas no se limitarán a Japón, sino que se extenderán y afectarán a una gran parte del mundo.
No voy a prodigarme en exceso. A buen entendedor...
Quiero terminar remarcando que la energía nuclear, aunque lo asegure el mismísimo obispo de Calahorra, no es limpia, ni barata, ni segura, y, aunque os creáis a salvo en el cálido confort de vuestros hogares, todos corremos el mismo riesgo que los habitantes de Fukushima. ¡Son necesarios 20.000 años para que los residuos radiactivos dejen de ser peligrosos...! No lo olvidéis, queridos.
He compuesto este poema para conmemorar la efemérides. Espero que os guste.


NUCLEARES, NO; GRACIAS…

Hoy falló la central de Fukushima;
ayer en Chernobyl brotó la muerte;
mañana sufrirán la misma suerte
ciudadanos de Londres o de Lima.
Me duele el corazón; me da la grima
pensando cómo el rico se hace fuerte
tras el dinero cruel, frío e inerte,
sin que pierda un comino su autoestima.
Nos vendieron muy bien las nucleares
los expertos y técnicos al uso,
sin dudas, ni problemas, ni pesares,
pero ahora el mundo grita: “¡Yo os acuso
de emponzoñar las tierras y los mares,
y tendréis que pagar por tal abuso…!




Al poco de terminar este trabajo, me he dado de bruces con un artículo periodístico que describe las opiniones de las buenas gentes que viven junto a la central nuclear de Santa María de Garoña, que dista unos 70 km. de Burgos y 30 km. de Vitoria, en línea recta. El título no puede ser más sugerente: "Garoña pasa de Fukushima".
Y es que ahí está el problema, precisamente; en que una vez instaladas, todo el mundo pasa de ellas, hasta que pasa lo que pasa.
Vivimos en un mundo de "expertos" en todos los campos. Ellos nos guían, nos aconsejan, nos tranquilizan y nos dicen que no nos preocupemos cuando ocurre lo peor. Las centrales nucleares son a la sociedad lo que la endoscopia al enfermo: te la meten por cualquier agujero, y ya está. Con una salvedad, cual es que el doctor retira el instrumental endoscópico una vez terminado el examen, pero las centrales atómicas te las meten por el culo con abundante vaselina propagandística, y se quedan ahí -sin ningún problema, en apariencia- hasta que los casos de cáncer se multiplican por mil, o hasta que explotan.
No sé si Dios existe, pero estamos en sus benditas manos...


miércoles, 9 de marzo de 2011

Siguen tomándonos el pelo

Ferrari FF
Antes de irme a dormir leo esta interesante noticia: "Vendida toda la producción de 2011 del Lamborghini Aventador"
Sigo leyendo, y compruebo que también están vendidos todos los Ferrari FF.
Son cochecillos que andan por los 700 CV y cuestan unos 260.000 euros.
Yo no he podido comprar ninguno. ¿Y vosotros...?
"Los de siempre" siguen descojonándose de nosotros, los siervos, a la puta cara.
Pido perdón a los lectores por el lenguaje empleado, pero me vienen a la mente los 4 millones de españoles que están en el paro (algunos de los cuales tendrán la suerte de cobrar 400 euros/mes durante medio año), y los cientos de millones de buenas gentes que pasan hambre en el mundo, y me sube la sangre a la cabeza.
¿Dónde está la crisis?
Donde siempre ha estado: en las minúsculas vidas de todos los pequeños habitantes del planeta, que, como disciplinadas hormigas obreras, trabajamos y morimos para que "ellos" sigan disfrutando de sus lujuriosas prerrogativas.

Lamborghini Aventador




jueves, 3 de marzo de 2011

Aston Martin pasa de coches eléctricos

Aston-Martin Vantage 2011




En plena crisis económica; con los precios de los combustibles por las nubes y la contaminación atmosférica asfixiando las grandes ciudades; cuando todo el mundo -en teoría- busca alternativas racionales y económicas al transporte por carretera, los directivos de Aston-Martin se han descolgado en Ginebra con eso de que ellos pasan de la electricidad en los automóviles. Concretamente, el jefazo de la firma, Ulrich Bez, ha declarado: “Yo no concibo el motor eléctrico como una innovación. El profesor Porsche ya construía este tipo de coches en 1914. Podían recorrer 80 km a 80km/h”
El asunto no admite discusión, por supuesto. 
No admite discusión porque a los que están en disposición de adquirir este tipo de cochecillo (unos 200.000 euros, entre una cosa y otra), lo del gasto, la contaminación, los límites de velocidad y el bien común les importa un huevo. Ellos tienen dinero suficiente para pagar las multas que sea necesario y hasta las amistades para eludirlas, si fuera menester; y la pureza del aire o del agua no les preocupa, ya que disponen de suntuosas mansiones con naturaleza privada, depuradoras de última generación y aire acondicionado hasta en la sopera. 
Ellos son, en su mayor parte, los responsables de toda esa problemática.
Y no me digáis que soy tendencioso, por favor.
Asomad la cabeza al mundo y mirad atentamente.

martes, 1 de marzo de 2011

MAL DE MUCHOS... ¡EPIDEMIA!



Aquí os dejo otro de mis interesantes relatos, que espero os llene de satisfacción y regocijo (dentro de su natural dramatismo) Es algo que, tal como está el mundo, le puede pasar a cualquiera; así que mucho cuidado, jovenzuelos...



MAL DE MUCHOS... ¡EPIDEMIA!


—¿Quería usted verme, señor comisario?
El hombre maduro y corpulento, de cabello cano y abundante peinado hacia atrás, ocupado en firmar documento tras documento con una magnífica estilográfica de oro al otro lado de la amplia mesa de despacho, levantó sus ojos inteligentes y perspicaces, que parecían brillar con luz propia tras las negras y anticuadas gafas de concha, hacia el recién llegado.
—Pase; pase, Valdivielso —invitó con un gesto de su mano diestra, sin soltar la pluma—. Siéntese, por favor.
El inspector-jefe, alto, delgado, moreno, barbudo y sonriente, vestido con pantalón vaquero, cazadora negra de cuero, camisa leñadora a cuadros blanquirrojos y botas de media caña, obedeció a su superior ocupando una silla frente a él.
—Lamento el retraso, jefe —dijo, en tono de disculpa—, pero he estado dando vueltas toda la mañana con el asunto del violador.
—Sí; lo sé. No se preocupe. Precisamente me gustaría saber si hay alguien en su grupo que pueda asumir la dirección de ese caso.
El rostro de Valdivielso expresó cierta sorpresa.
—Por supuesto, jefe. González, sin ir más lejos, está capacitado de sobra y conoce todos los detalles. Pero el caso es mío y me gustaría solucionarlo personalmente.
—Las necesidades del servicio están por encima de nuestras preferencias, Valdivielso, y le necesito para otra investigación.
—Usted manda. Soy todo oídos.
—Bien. Escuche con atención. Ya sabe que si hay algo que me resulte especialmente molesto es tener que repetir las explicaciones.
—Adelante. Le escucho.
—El director del Hospital General, buen amigo mío, me ha enviado un expediente que contiene, entre otras cosas, los historiales clínicos de un par de docenas de pacientes terminales que fallecieron en el centro durante los últimos seis meses.
—Estando en fase terminal es lógico que fallecieran…
—Evidentemente, pero no que lo hicieran meses antes del plazo previsto por la ciencia y de fallo cardíaco, cuando sus constantes ofrecían un cuadro en apariencia estabilizado.
Valdivielso se removió en la silla, inquieto e interesado. Como buen cazador había olfateado la presa.
—¿Un psicópata suelto por las salas del hospital?
—Creo que no es tan sencillo —replicó el comisario—. Me inclino a pensar en una red organizada con meticulosidad e inteligencia para practicar la eutanasia de forma masiva.
—¡Hostias…! Usted perdone, jefe. ¿Cómo lo han descubierto?
—Podría decirse que por casualidad, pero yo estoy convencido de que la casualidad no existe. Mi amigo revisaba la documentación antes de dar su visto bueno para que fuese archivada, cuando se apercibió de algunas notables coincidencias. Naturalmente, se dedicó a estudiar a fondo la cuestión, examinando los historiales letra por letra, hasta que sus vagas sospechas se materializaron en certidumbre absoluta: alguien se ha cargado a dieciocho personas en pocos meses…
—¿Cómo?
—Imposible saberlo. Las presuntas víctimas están enterradas, la mayoría desde hace mucho tiempo, y no podemos solicitar al juez una orden de exhumación general basándonos en conjeturas. Y aquí es donde entra usted en juego.
—¿Cuándo empiezo, jefe?
—Espere. No sea impaciente. Todos los casos tienen su origen en la quinta planta, afectan a enfermos desahuciados y, curiosamente, los fallecimientos se produjeron entre las dos y las cinco de la madrugada.
—¡El equipo de enfermería, jefe! ¡Está clarísimo! Alguna niñata iluminada por el espíritu de la salvación eterna, que quiere evitar sufrimientos a los pobres moribundos.
—Eso creímos al principio, pero lo hemos descartado definitivamente después de una cuidadosa investigación sobre todo el personal. Nos inclinamos más por los acompañantes nocturnos de los enfermos.
—¡Joder…! Perdone, jefe. No se me había ocurrido.
—Corren rumores sobre la existencia de una secta autodenominada "Paz a los hombres de buena voluntad", que preconiza el derecho a morir con dignidad y, por supuesto, la eutanasia. Es posible que algunos de sus miembros hayan conseguido introducirse en el hospital como cuidadores, en aquellos casos en que los familiares no pueden velar a sus enfermos. Como usted sabe, este tipo de servicios se contrata verbalmente y no hay posibilidad de comprobar listado alguno en el hospital, toda vez que la asistencia es ajena al establecimiento.
—Y, ¿qué quiere que haga, jefe?
—Usted ocupará inmediatamente una cama en esa planta, como enfermo de cáncer de pulmón. Su expediente está preparado ya, con todos los detalles anatómico-fisiológicos y clínicos. Es un historial completo y real. Para todo el mundo, usted será un paciente en fase terminal. Una ambulancia le recogerá en su domicilio esta tarde, a las cinco, e ingresará en la habitación 506. Estará solo, dada su extrema gravedad, para favorecer la acción en caso necesario. Diga a las enfermeras que carece de familia y que necesita de alguien que le asista por las noches. Ellas se encargarán de expandir el tufillo del cebo. Por lo demás, compórtese como un paciente normal, pero no olvide su pistola y su transmisor. Dos hombres permanecerán de guardia permanente en la sala de visitas, a la espera de su llamada. Deberá dormir durante el día, cuando pueda, y vigilar sin descanso por la noche, porque la persona que se siente al pie de su cama podría ponerle en dificultades... insalvables, diría yo.
—¡Y tan insalvables! Desde luego, jefe, menuda papeleta… Aparte de aburrirme como una ostra, me pueden mandar al otro barrio sin que me entere.
—Amigo mío, usted eligió ser policía. Si lo desea, le proporcionaré el traslado a oficinas pero, eso sí, después de que resuelva este caso.
Valdivielso comprendió que estaba todo dicho y, maldiciendo en voz baja, salió del despacho. Puso en orden los papeles de su mesa, dio instrucciones a González y se marchó a casa.
A las cinco y media, embutido en una especie de sudario blanco, con el anagrama del hospital en el pecho, yacía en su cama de la habitación 506. Había depositado la pistola y el transmisor en un cajón de la mesilla, porque no podía ocultarlos debajo de la almohada. No hay razón para que un moribundo utilice tales instrumentos.
Las enfermeras le habían confirmado que una señora vendría para acompañarle por la noche, como así fue. La mujer se presentó puntualmente, a las diez. Dijo que se llamaba Eladia y que cobraba siete mil pesetas por noche; le ahuecó la almohada, le acercó un vaso de agua, le preguntó si necesitaba algo más y se durmió como una bendita, aprovechando una cómoda butaca reclinable.
Valdivielso pasaba las horas comiéndose los hígados en aquella absurda situación y poniendo especial cuidado en no deglutir las decenas de píldoras que las enfermeras le proporcionaban. Sin embargo, todo transcurría dentro de la más estricta normalidad.
Cierto día, el noveno desde su ingreso, Eladia le dijo que debía atender a otro enfermo, y que desde aquella noche le cuidaría otra mujer, excelente compañera y muy buena persona. Valdivielso se felicitó por el cambio, dudando de que el caso estuviera acercándose al final, pero esperando que, al menos, la nueva fuese una conversadora amena en vez de un topo dormilón como su predecesora.
La sustituta se llamaba Manuela y tenía aspecto de profesional de la lucha libre, aunque daba la impresión de ser una mujer amable y simpática a pesar de su feroz apariencia.
El inspector-jefe habría seguido su representación con paciencia benedictina y sin más precauciones, de no haber sido porque percibió las extrañas miradas que la mujer le lanzaba, suponiéndole distraído con la lectura de un libro. Se puso en guardia inmediatamente. Sus músculos estaban tensos y su cerebro despierto, como el tigre dispuesto a saltar sobre la presa.
—Hala, señor Valdivielso: a tomar su pastillita para que pueda dormir toda la noche de un tirón —dijo la enfermera que acababa de entrar en la habitación, dirigiéndose hacia él píldora en mano.
Abrió la boca, obedientemente, simulando engullir el fármaco, pero, como siempre, lo retuvo bajo la lengua y, cuando la enfermera se dio la vuelta, lo escupió en silencio sobre el rincón opuesto con idea de hacerlo desaparecer más tarde.
—¡Enfermera, espere! —gritó la señora Manuela desde su butaca, dando un bote grotesco para ponerse en pie—. ¡Ha escupido la pastilla!
—¿Qué me dice? —dijo la chica, volviendo sobre sus pasos—. ¡Es cierto! Eso está muy mal, señor Valdivielso; pero que muy mal… Ande, sea bueno y tráguela, que es por su bien.
—¡No, no y no! —aulló el inspector-jefe, cerrando la boca con todas sus fuerzas e intentado saltar de la cama.
Pero fue inútil.
La señor Manuela le inmovilizó con una presa digna de un campeón y la enfermera, con un golpe magistral, le introdujo la pildorita, redonda y sonrosada, hasta más allá del garganchón.
—Ve cómo no ha pasado nada, ¡caramba! —dijo la enfermera, encaminándose hacia el pasillo—. Si sólo es un somnífero para que pueda dormir a pierna suelta...
El inspector-jefe Valdivielso sintió que su cuerpo se desmadejaba y que su cerebro se negaba a obedecerle. Una profunda somnolencia se adueñaba de él y, poco a poco, fue hundiéndose en el mundo del silencio. Antes de dormirse por completo, creyó ver cómo la señora Manuela se acercaba al lecho con una jeringuilla, y le pareció sentir el pinchazo de la aguja en el brazo mientras escuchaba las últimas palabras de la mujer:
—¿Ves qué bien, chiquitín mío? Se terminaron tus dolores en este valle de lágrimas. Una inyección de aire en las venas y dentro de cinco minutos estarás con los angelitos.
A las tres de la madrugada, el señor comisario fue despertado por el incesante repiqueteo de su aparato telefónico. Lo descolgó, procurando no molestar a su esposa que, acostumbrada a este tipo de interrupciones, dormía plácidamente.
—Dígame —susurró.
Al otro lado del hilo, alguien preguntó:
—¿Es usted, señor comisario?
—Sí, demonios; soy yo. ¿Quién es? ¿Qué sucede?
—Soy Rodríguez, señor comisario: uno de los que están de guardia en el hospital.
—¡Vale, Rodríguez! ¿Qué coño pasa?
—Pues que el inspector Valdivielso acaba de fallecer de un ataque cardíaco, jefe.   

jueves, 24 de febrero de 2011

La crisis económica y el Cuento de Nunca Acabar

Creo que he mencionado más de treinta millones de veces que esa "verdad", tácita e implícitamente admitida, de que "siempre ha habido ricos y pobres" es falsa, o, cuando menos, no es válida. Si hay ricos y pobres es porque unos pocos atesoran los bienes y riquezas que necesita la mayoría, consecuencia directa de un sistema social injusto, que se torna atrabiliario en cuanto se intenta rascar los bolsillos de los poderosos, que son quienes hacen las leyes y los que nos gobiernan con ellas "por el bien común"
Mientras los Gobiernos -el de España incluido- recortan los gastos sociales, elevan el período de cotización y la edad para acceder a la jubilación, y favorecen a la Banca (que es la que originó la crisis), los ciudadanos prosiguen su andadura por este valle de lágrimas asombrados o atontados -no estoy muy seguro-, esperando que la tormenta económica pase de largo sin afectarles a ellos. Pero por el camino va quedando el reguero de "cadáveres": gente sin trabajo y sin ayudas de ningún tipo; jóvenes titulados dedicándose a lo que pueden; pensionistas percibiendo cantidades irrisorias... Entretanto, los dirigentes siguen estudiando proyectos para salir de la crisis y crear empleo... cuatro años después de que empezara el festival. Es obvio que para cuando concluyan sus sesudos estudios la crisis habrá terminado, y el empleo, en consecuencia, empezará a recuperarse. Antiguamente estas cosas se arreglaban con una guerra mundial, que eliminaba de un plumazo las listas del paro, y, a la vez, generaba una gran cantidad de trabajo, sobre todo en las fábricas de armamento y en la construcción. Aunque yo, personalmente, prefiero estar sin trabajo que recibiendo un bombardeo de napalm, sin ir más lejos.
Pues bien, mientras el fantasma de la crisis sigue galopando entre nosotros, repartiendo mandobles a diestro y siniestro, "los de siempre" hacen su particular Agosto que dura toda la vida, situación que perdurará por los siglos de los siglos si Dios y las buenas gentes no lo remediamos. Para muestra, unos pocos botones:
- Las empresas españolas que cotizan en Bolsa cerrarán el ejercicio del año 2010 con unos beneficios de 45.000 millones de euros. Esta noticia confirma lo que también he dicho en varias ocasiones: la Economía es la ciencia que trata de cómo quitar el dinero a los pobres para dárselo a los ricos.
- La empresa eléctrica Iberdrola ha ganado en el año 2010 la bonita cantidad de 2.870 millones de euros... que es un 1,6% más de lo que ganó en 2009. Para que estas cosas lleguen a buen fin nos bombardean con subidas de precios bestiales y continuas, que justifican con extraños y complejos razonamientos y respaldan con la amenaza final de cortarte el servicio si no pagas -a veces lo hacen hasta pagando, cuando se les sale de los huevos-, y no hay más remedio -parece- que tragar.
- Repsol ha ¡¡¡triplicado!!! su beneficio respecto al 2009, obteniendo una cifra de 4.693 millones de euros. El precio de los combustibles se acerca inexorablemente al del aceite de oliva virgen. La gasolina y el gasóleo cuestan lo mismo (?), y nadie dice nada. Seguimos llenando los depósitos de nuestros coches tan tranquilos, mientras los especuladores petrolíferos se frotan las manos y se descojonan de risa. Para más huevos, aprovechan -como siempre- los follones en el norte de África para incrementar los precios, en una progresión sin final visible. Y la OPEP dice que no ve motivos para aumentar la producción. Pues claro que no. ¿Para qué van a vender hoy a 1 si dentro de un año podrán hacerlo a 3?
Amigos, yo ya estoy aburrido de tanta hijoputada. 
Este Cuento de Nunca Acabar necesita un final feliz lo antes posible.


ÚLTIMAS NOTICIAS
Telefónica cerró el año 2010 con unos beneficios de 10.167 millones de euros.
Endesa ganó 4.129 millones de euros en el 2010.
Los más de 4 millones de parados españoles ganaron indulgencia plenaria.
Poned vosotros los comentarios, porque yo me quemo.


ULTIMÍSIMAS NOTICIAS
Con esta noticia global doy por cerrado este post. Observad los beneficios de unas cuantas empresas españolas (incluidos Bancos) el pasado 2010. ¿Los ricos también lloran...? Puede, pero será por alguna indigestión de marisco importado de las Bahamas.
¡Joder!, qué mala leche se me pone...

lunes, 21 de febrero de 2011

Declaración jurada



La señorita Ruby de Berlusconi (creo que es una denominación más que justificada) acaba de declarar que mantuvo relaciones sexuales con el jugador de fútbol Cristiano Ronaldo, en un hotel de Milán, el pasado mes de Enero, siendo menor de edad aún, y que el deportista conocía esta circunstancia. Ha añadido, además, que recibió de su parte una suculenta propina de 4.000 euros.
En vista de lo visto, y como parece que esta dama tiene una trayectoria más larga que el cometa Halley (y espera...), me apresuro a hacer pública la siguiente
DECLARACIÓN JURADA:
Juro por todos los dioses que no he conocido personalmente, y menos en sentido bíblico, a la señorita Ruby; que no tengo deseos de hacerlo y que me apartaré de todas las ocasiones de pecado, confesando y cumpliendo la penitencia. Amén.
Espero que lo lea mi mujer.
¡Joder...!

Diferencia entre político y ladrón



Mi buena amiga Adela Palomino me ha remitido esta anécdota, que con gusto publico para regocijo general. Ya sé que aparece en multitud de blogs por la web, pero no me importa porque merece la pena. Gracias, Adelita.

¿Cuál es la diferencia?

En Brasil, Millôr Fernandes (humorista, dramaturgo y escritor) lanzó un desafío público con la siguiente pregunta:
- ¿Cuál es la diferencia entre político y ladrón…?
Le llamó mucho la atención la respuesta de un lector:
- Estimado Millôr, después de una larga búsqueda, llegué a esta conclusión: La diferencia entre un político y un ladrón es que al primero lo elijo yo, y el segundo me elige a mí. ¿Estoy en lo cierto…?
Ésta fue la réplica de Millôr:
- Apreciado señor, usted es un genio; es el único que logró encontrar una diferencia.


Millôr Fernandes

Nieve en Legaire

Aquí os dejo unas preciosas fotografías, realizadas por mi hija y su novio en la Sierra de Entzía, estribaciones alavesas de la Sierra de Urbasa. Las fotos corresponden a la zona de las Campas de Legaire, y están tomadas en la segunda semana de Enero de este año. Como estáis todo el santo día pegados al ordenador, por lo menos podréis disfrutar de la naturaleza virtualmente. Poneos la bufanda, no vaya a ser que os dé un pasmo...


El arroyo de Legaire
Mirando hacia Navarra
El valle de Salvatierra-Agurain
La "Carretera de los Petróleos" (Puerto de Opakua a Urbasa)
El hayedo

sábado, 19 de febrero de 2011

Todo





Aquí va otro poemilla mío, para que se aprecien mis notables cualidades poético-literarias. Nada más adecuado para una tarde de sábado lluviosa, excepto otras cosas que todos sabemos, pero que no voy a mencionar por si hay niños. 


TODO



Todo lo que llega, pasa.
Todo lo que viene, va.
Todo lo que sube, baja.
Todo lo que queda, está.
Todo lo que nace, muere.
Todo lo que vuela, cae.
Todo lo que corre, para.
Todo lo que lleva, trae.
Todo lo que mata, vive.
Todo lo que quiere, es.
Todo lo que ciega, sigue.
Todo lo que hiere, ves.
Todo lo que tuve, fue.
Todo lo que fui, sufrí.
Todo lo que amé, lloré.
Todo lo que vi, perdí.
Lo que llega,
lo que viene,
lo que sube,
lo que queda,
lo que nace,
lo que vuela,
lo que corre,
lo que lleva,
lo que mata,
lo que quiere,
lo que ciega,
lo que hiere,
lo que vi,
amé, fui, tuve y perdí.

jueves, 17 de febrero de 2011

Pérdidas y hallazgos

Escribí este artículo el 15 de Enero de 2003, pero creo que tiene absoluta vigencia, y me complace colgarlo ahora para general disfrute y a los efectos oportunos. De nada.


PÉRDIDAS Y HALLAZGOS


Bien sabe Dios que no me considero la persona mas cualificada para desentrañar ese universo misterioso de los objetos perdidos y hallados, no precisamente en el templo sino en cualquier insospechado lugar, pero también es cierto que no puedo dejar pasar una ocasión de oro para hacer unas risas con el asunto o, por lo menos, unas sonrisitas.
He escuchado una información sobre objetos encontrados en el "metro" de Bilbao y, pese a la juventud de sus instalaciones, la verdad es que la lista no deja de ser ciertamente curiosa, aunque supongo que similar a la de sus hermanos mayores de Madrid, Londres, Nueva York o Moscú.
Que somos unos despistados como la copa de un pino es algo indiscutible. Valga, para ilustrar esta afirmación, la celebérrima definición de paraguas: "objeto que se deja olvidado en cualquier lugar los días de lluvia". Si añadimos, por ejemplo, la pérdida de un hijo, o del abuelo, tras repostar en una estación de servicio, deberemos concluir en que, así como el león es el rey de la selva y el cóndor el rey del aire, el hombre es el rey del despiste. No existe ningún mamífero, aparte de los seres humanos, que se deje olvidados a sus ascendientes o descendientes en cualquier cruce de caminos; ¡no, señor!
Aunque los despistes no sólo deben aplicarse a las pérdidas de personas u objetos.
Me disponía a acostarme un buen día, cuando oí que alguien manipulaba en la cerradura de mi apartamento. El resto de mi familia dormía, por lo que forzosamente se trataba de un extraño que pretendía invadir la intimidad de mi hogar. Descarté que pudiera ser un ladrón, porque hacía demasiado ruido en el intento. Poco tardé en salir de dudas, pues a través de la mirilla comprobé que quien intentaba esforzadamente abrir, sin conseguirlo, era el vecino de abajo, ligeramente escorado por el impacto directo de dos o tres copillas de más. Cuando abrí, me miró con unos ojos como platos.
—Manolo, que te has equivocado de piso...— le dije, no sin cierto retintín.
—¡Joder!, ya me parecía que tardaba mucho en abrir. Perdona, oye —Y fuese escaleras abajo dando algunos aparatosos traspiés.
En una céntrica avenida fui testigo de otro hecho graciosísimo, que si no tuvo consecuencias fue gracias a la corrección de las personas que lo protagonizaron y a su buena fe.
Un matrimonio de cierta edad se acercó a su automóvil, correctamente aparcado, y el marido, con toda cortesía, abrió la puerta derecha para que entrase su señora. Pero ella se quedó mirando el interior con extrañeza, sin atreverse a tomar asiento. En esto, llegó un tercer caballero, que preguntó:
—¿Qué hacen ustedes en mi coche?
Todo quedó explicado en pocos minutos, cuando el matrimonio descubrió que su vehículo, exactamente igual que el invadido excepto en el color del tapizado, se encontraba estacionado unos metros mas allá.
Yo, la verdad, toda mi vida he sido un tímido, sobre todo en mis relaciones con el bello sexo. Tengo una prima, algunos años mayor que yo, que en los tiempos heroicos se alojaba en nuestra casa durante sus exámenes de Magisterio, ya que ella residía en Guernica. Mi prima era una guapa morena, de cabello negro y sedoso, que hacía desnucarse a los muchachos cuando pasaba. Con mis trece años, visitado por el acné, inseguro e inexperto —igual que ahora, por lo demás—, caminaba por el centro de la ciudad cuando vi a mi prima, de espaldas, contemplando un escaparate. Me acerqué, decidido y animado, le puse la mano en el hombro y le dije:
—Begoña, ¿qué haces aquí?
La chica se volvió inmediatamente... ¡pero no era Begoña!
En aquellos momentos nada me habría hecho más feliz que desaparecer en el aire, como el humo de un cigarrillo.
Creo que el resplandor de mi rubor eclipsó al de los semáforos.
—Oye, que ese truco es muy viejo —me respondió, sonriente.
Y yo, idiota de mí, que no sabía que cuando una chica dice eso es que te está dando pie para entablar una conversación más larga, me deshice en tartamudeos de disculpa, jurando y perjurando que era igual que mi prima, y a las primeras de cambio me perdí en lontananza. Así que despiste por partida doble.
Un individuo muy curioso, a quien aprecio más que si fuera mi hermano, es mi primo González. Solemos llamarle familiarmente Pepito, pero cuando deseamos hacer referencia a alguno de sus chocantes despistes le decimos González, y él sabe por qué. Es amable, honrado, emprendedor, cariñoso y chacinero, pero de vez en cuando nos deleita con situaciones hilarantes, cuando no asombrosas. Le encanta perderse monte a través pero, ¡ojo!, perderse en el sentido literal de la palabra, es decir, que para ir de Madrid a La Coruña Pepito pasaría previamente por Barcelona. Luego discute y porfía en que el camino escogido era el más adecuado y rápido, además del más practicable, pero lo cierto es que si ha salido al monte y se le espera para comer, muy probablemente no aparecerá hasta la hora de la cena, con suerte. Y digo con suerte, porque más de una vez ha tenido que pernoctar debajo de un haya.
Una de sus últimas "hazañas" es la que sigue: Se estaba preparado un suculento almuerzo, que sería el colofón de la excursión montañera, prevista para la mañana siguiente en compañía de un grupo de amigos. Pepito seleccionó unas excelentes y abundantes magras de "pata negra", que entre pan y pan conformarían un auténtico banquete a disfrutar en plena cumbre, en contacto directo con la naturaleza —ya se sabe que el campo abre el apetito—, para envidia de propios y extraños, equipados con miserables latas de atún, tortillas u otras zarandajas por el estilo. Se pusieron en marcha, caminaron, llegaron sudorosos y hambrientos a la cúspide, desembalaron los bocadillos y, ¡oh, sorpresa!, Pepito descubrió que su almuerzo iba a ser pan con pan, porque después de todos sus cuidadosos preparativos... ¡se había dejado el jamón en casa! Comió su pan sin hacer comentarios, y sólo meses después supimos lo ocurrido.
Mi hija, sin ir más lejos, tiene un tremendo problema con las llaves. Yo le digo que es algo patológico. Ha perdido tres juegos, y hemos tenido que cambiar la cerradura en dos ocasiones. La última vez, le regalé un llavero de seguridad, tipo mosquetón, que se sujetaba en el cinturón o en un ojal, y era casi imposible de soltar. Pues le duró dos semanas…
Algunos tienen fijación con los bolígrafos. Conocí a un ingeniero metalúrgico que los olvidaba encima de todas las mesas por donde pasaba pero, simultánea y maquinalmente, se guardaba todos los que encontraba a su paso, de forma que era habitual ver sobresalir del bolsillo de su camisa dos o tres docenas de bolígrafos o lapiceros. Este hombre, a quien tengo en mucho aprecio, es fumador empedernido desde los diecisiete años. Entró en una cafetería, y pidió un paquete de tabaco mientras estrujaba entre sus manos el recién terminado. Cuando el camarero le entregó la cajetilla, extrajo un cigarrillo, lo encendió, se guardó el paquete arrugado y vacío, y arrojó a la papelera el recién abierto que acababa de comprar. Enfrascado en su trabajo cotidiano —se le consideraba una autoridad en el campo de los aceros especiales—, no era anormal verle encender los cigarrillos por la boquilla, con el siguiente comentario:
—Qué mal sabe hoy este tabaco, ¡coño!
En lo que se refiere a los hallazgos del "metro" bilbaíno, la cosa tiene tela marinera. Los del servicio de limpiezas han encontrado de todo... ¡Hasta un cheque al portador por cinco millones de pesetas!
Y encima tuvieron que hacer gestiones para localizar al dueño, a través del correspondiente Banco. ¡Ahí es nada!
Los del "metro" dicen que encuentran de todo, pero fundamentalmente libros, paraguas, apuntes y teléfonos móviles. Lo más curioso es que nadie vuelve a reclamar los teléfonos móviles. A ver si al final no van a resultar tan imprescindibles como nos quieren hacer creer...
Después de la Nochevieja encontraron... ¡un sostén!
Particularmente, en algunas ocasiones —no muchas, la verdad— he tenido dificultades para desenganchar esos malditos cierres que los fabricantes colocan sobre la última frontera que separa la posibilidad de la realidad. En verdad, son complicados de abrir los condenados, sobre todo teniendo en cuenta que, por lo general, se intenta con cierta prisa. Por tanto, la pregunta del millón de dólares es: ¿cómo carajo puede perder una señora su sostén en un vagón del "metro"?
Yo, que soy un pardillo y destilo buena fe, sólo puedo pensar en el despiste monumental por parte de la dama en cuestión, que pudo iniciarse con la adquisición de una prenda varias tallas mayor de lo necesario, y que finalizó con el inadvertido desprendimiento de la misma desde su cálida ubicación como consecuencia de su propia flojera y de los apretujones inherentes a tal medio de transporte.
¿Qué opinan ustedes?

martes, 15 de febrero de 2011

La explosión del "Maine" (15 de Febrero de 1898)

El acorazado "Maine" entrando en el puerto de La Habana
Hoy se cumplen 113 años de la explosión que destruyó el acorazado de segunda clase USS "Maine", atracado en el puerto de  La Habana, al que había llegado, sin previa invitación, el 25 de Enero de 1898. Como respuesta a esta inesperada visita, el Gobierno de España puso en el puerto de Nueva York al crucero acorazado "Vizcaya", sin más consecuencias disuasorias -supongo- que la sorpresa de los neoyorquinos, puesto que el buque fue hundido por la escuadra norteamericana en la batalla de Santiago de Cuba.
En la explosión del "Maine" fallecieron 256 miembros de la tripulación, compuesta por un total de 355 hombres.
Es inútil dar vueltas a la mierda; después de tantos años, aún no ha aparecido el responsable. De las investigaciones separadas que se llevaron a cabo en su momento, las autoridades españolas dedujeron que la explosión del buque se produjo por causas internas (alguna fuente de calor afectó a la santabárbara del navío), y las norteamericanas que fue originada por la detonación de una mina colocada al efecto por los españoles.
Estamos en la de siempre... 
¿Quién mató a Kennedy?
En mis tiempos jóvenes leí en una revista de la Guardia Civil que cayó casualmente en mis manos, en la sección de Técnica Policial, una frase que se me quedó grabada para siempre: "Si hemos de descubrir al asesino, debemos conocer antes el móvil"
Es evidente que la destrucción del "Maine" no beneficiaba a España, que se vio forzada a una guerra cuya principal consecuencia fue la pérdida de Cuba, las Filipinas y prácticamente el resto de las colonias de ultramar.
Además, no deja de ser curioso que, después de más de un siglo, nadie haya reivindicado por aquí tan descomunal "hazaña", con lo dados que somos los hispanos al tremendismo y la vanagloria.


El "Maine", hundido.


El crucero acorazado "Vizcaya"