Es de conocimiento general, porque nunca me recaté en confesarlo, que servidor de ustedes es un escéptico políticamente incrédulo hasta los tuétanos, pero sólo porque el mundo me ha hecho así, que yo no quería. Es más, como todos, cuando era pequeñín tenía plena confianza en las benévolas y generosas apariciones anuales de los Reyes Magos, hasta que me di cuenta -casi en la mayoría de edad- de que se trataba de un burdo contubernio entre la Iglesia, los políticos y mis inocentes padres. Fue el primer paso en el camino de la incredulidad, por el que ya llevo recorridos miles de kilómetros.
Pero vayamos al asunto.
El TEDH de Estrasburgo falló ayer, 21 de octubre, de forma inapelable en el sentido de que la etarra Inés del Río, a la que las más altas instancias jurídicas españolas habían aplicado la Doctrina Parot, debía ser puesta en libertad inmediatamente, por haber cumplido con creces la condena a la que fue sentenciada en abril de 1995 por su participación en los atentados llevados a cabo por el Comando Madrid.
La sentencia del Alto Tribunal ha levantado ampollas por estas tierras. En un sentido y en otro. Unos pedían su inmediato cumplimiento, acusando al Estado fascista y español de prácticas dictatoriales y franquistas, o sea como siempre; otros exigían la desobediencia civil a ultranza, que incluía pasarse por el forro de las pelotas la sentencia, los jueces y el copón bendito. Servidor, ojo avizor, estaba convencido de que la señora Del Río sería puesta en libertad, puesto que la sentencia del TEDH era inequívocamente precisa, pero nunca imaginé que lo fuera en el plazo de 24 horas.
¡Es como si la máquina legal española hubiera estado al ralentí esperando el momento...!
Y estas son las cosas que me hacen pensar.
La memoria del Hombre es débil, muy débil. Si a veces somos incapaces de recordar dónde estuvimos ayer a las 12,30, ¿cómo vamos a recordar algo que sucedió hace, por ejemplo, 20 años, y que ni siquiera estaba directamente relacionado con nosotros...?
En España, ningún Gobierno ha negociado jamás con ETA. Al menos, es lo que dicen todos.
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Txomin Iturbe |
Pero Domingo Iturbe Abásolo -Txomin Iturbe- estuvo negociando en Argelia con el Gobierno de Felipe González. Es más, Txomin, que había escapado durante años de la Guardia Civil y de varios graves atentados -en uno de los cuales resultó herida su hija-, viene a morir en un "accidente de tráfico" en el propio país norteafricano, en los últimos días de febrero de 1987. ¿Fue realmente un accidente, o se lo cargaron unos por ser demasiado duro en la negociación, u otros por ser demasiado blando...? A mí, la verdad, a la vista de los escasos datos que ilustraron el suceso y teniendo en cuenta que la casualidad no existe, la muerte de Txomin me parece muy rara, pero en fin...
Lo que queda claro es que los Gobiernos españoles SÍ negociaron con ETA.
Como era lógico, claro.
Si los comanches atacaban las caravanas, ¿con quién había que negociar...?; con los comanches, ¿no?
Pues eso.
Lo anterior me lleva a pensar, en buena lógica, que los demás Gobiernos de España también han negociado con ETA, aunque tratando siempre de nadar y guardar la ropa por lo mal que podía sentarles la cosa a sus votantes, sobre todo a los más conservadores o estúpidos.
Precisamente, para contentar a las fieras el Tribunal Supremo español decide, en febrero de 2006, que el miembro de ETA Henri Parot cumpla 30 años de condena completos, por aplicación de los beneficios carcelarios sobre cada una de las sentencias individuales que había recibido, y no sobre el total de ellas.
Y este mismo sistema, la famosa Doctrina Parot, comienza a aplicarse a todos los miembros de ETA que se ponen a tiro, valga la expresión.
Pero, ¡oh, cielos!, de forma unilateral, por deseo propio y sin que nada haga sospechar de intervenciones ajenas (je, je, je), a las 12 horas del 10 de enero de 2011, ETA anuncia un alto el fuego "permanente, general y verificable"; un alto el fuego que todo el mundo se cree -aunque algunos hagan la pamema de que no-, y que todos toman por definitivo sin que realmente haya motivos objetivos para que así sea.
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