Si tú te integras en la Naturaleza, la Naturaleza se integra en ti. Entonces puedes ver y sentir cosas que parecen imposibles: los árboles te quieren, los animales no te temen, los insectos no aparecen como animalejos despreciables ... y puedes hacer, además, bonitas fotografías.
Por cierto, no me digáis que esta lagartija no tiene una mirada más inteligente que muchas personas, je, je, je.
lunes, 29 de abril de 2019
domingo, 21 de abril de 2019
Torrijas
Con cierta frecuencia aparecen en los medios de comunicación informaciones sobre los lugares donde se elaboran las mejores croquetas, empanadillas, tortillas o torrijas, así como laudatorios comentarios sobre los artífices de estas maravillas gastronómicas.
Es evidente, a todas luces, que tales noticias carecen de fundamento, porque las mejores croquetas las hago yo, las mejores empanadillas las hacía mi madre, la mejor tarta de manzana era obra de mi suegra, y nadie puede superar a mi querida Mari Carmen elaborando ese postre cuaresmal, tan sencillo y delicioso, que es la torrija.
Para que quede constancia de ello (lástima que no podáis probarlas), os dejo el siguiente documento gráfico:
Naturalmente (y mientras os secáis la baba que se os estará cayendo de puro placer), os preguntaréis por la receta que nos llevará a la obtención de este manjar, y con todo gusto os la voy a proporcionar, puesto que nada hay mejor que compartir lo que se tiene. Así es como me las arreglo yo; tomad buena nota:
Ingredientes: un pan adecuado; leche; huevos; aceite; canela y azúcar glass. Elaboración: llamáis a mi querida esposa, y ella os las preparará en un satiamén.
De esta forma, a mí, al menos, me quedan de maravilla.
De nada.
sábado, 13 de abril de 2019
martes, 1 de enero de 2019
martes, 15 de mayo de 2018
Alea iacta est
Alea iacta est
Con las primeras luces de aquel
frío amanecer del 12 de enero del año 49 aC , César pudo contemplar el hermoso paisaje
que se extendía hasta donde alcanzaba su vista.
Pero sus pensamientos estaban en
otro sitio.
Allí, a menos de un estadio de
distancia, estaba el Rubicón. Cruzarlo suponía el estallido de la guerra civil;
el enfrentamiento de dos Romas, la suya contra la de Pompeyo y el corrupto Senado.
Tras él, su amada Decimotercera Legión, formada por 5.000 infantes y 300
caballeros, aguardaba impaciente.
César aún dudaba.
Un pastor, tocando su rústica
flauta, empezó a cruzar el río seguido por sus ovejas. Fue como una señal de
los dioses:
- ¡A tomar por el culo…! – gritó
el caudillo, dando a sus tropas orden de avanzar.
Cayo Asinio Polión, historiador,
amigo y fiel seguidor de César, transformó la expresión en el ya clásico y
archiconocido Alea iacta est, que
Suetonio hizo llegar hasta nuestros días.
domingo, 10 de diciembre de 2017
lunes, 4 de diciembre de 2017
jueves, 10 de agosto de 2017
El maestro
E L M A E S
T R O
Hoy me encontré con uno
que dicen que es poeta
y maestro de vates.
Me pareció oportuno
mostrarle mi carpeta,
esperando anhelante
la conseja brillante
que venera y respeta
cualquier sutil alumno.
Miróme con descaro
enarcando las cejas,
y calóse las gafas
detrás de las orejas,
ojeando los folios
con aire displicente.
—Aquí dice serpiente.
—Lo requiere el poema.
—Yo siempre escribo sierpe.
—Disculpe “usté” el fonema.
—No te veo futuro
en la Literatura …
Demasiado versado…
Demasiada factura…
Estoy obnubilado.
¡Qué “desengañadura”!
En mi primer contacto
con un poeta, capto
que no estoy a la altura
ni en verso ni en cultura.
¿Qué puedo hacer, Dios mío,
si mi libre albedrío
me guía hacia el desastre,
me lleva a la tortura?
—Dígame usted, maestro,
cómo hacer poesía
profunda y verdadera.
No quiero ser hortera
ni chulo en demasía,
ni parecer siniestro.
¡Le juro por mis muertos
que seguiré su ejemplo!
Chupó la pipa serio,
mesándose la barba
con gesto de don Dios.
Iba a decirle adiós
besándole la calva
cuando oí su criterio:
—Rimar ya no es preciso,
ni respetar las normas.
Hay que estar en vanguardia,
y no en la retaguardia
usando viejas formas
del tiempo de Narciso.
—Los versos de Zorrilla,
de Rubén o Machado,
¿no tienen validez?
Parece estupidez
dejármelos de lado
de forma tan sencilla.
Respondió con orgullo,
hinchando el flaco pecho
debajo de su “kaiku”:
—¡Yo sólo escribo haikus!
Tres líneas con provecho
provocan el murmullo
de la feliz audiencia,
que premia mi trabajo
con gloria y con dinero,
porque soy el primero
componiendo a destajo
sin orden ni clemencia.
—Pues dígame un modelo,
maestro de poetas,
que escucho venerando.
¡Estoy ya disfrutando
de las muchas pesetas
que colmarán mi anhelo!
Alzó la vista al cielo
entornando sus ojos,
y habló tan roncamente
que, temblando mis dientes,
postréme allí de hinojos,
llorando sin consuelo:
—En la verde luz del crepúsculo
recuerdo tus alados suspiros
y cae la hoja.
Carraspeó, y otra:
—Negro tormento del verano impío;
placer infame del sexo sudoroso
en el azul del mar.
—¿Ya está?
Miróme con fijeza
no exenta de extrañeza,
diciendo con certeza:
—Eso es la poesía
moderna, ciudadano.
¡A ver si lo comprendes!
Porque si no lo entiendes,
pide trabajo ufano
en otra cofradía.
De Bécquer me acordaba;
de Góngora, de Lope
y del gran Juan Ramón,
y dije a este mamón
partiéndome al galope
algo que así sonaba:
—Si tú eres un poeta
yo soy los Reyes Magos,
Tarzán y Cenicienta.
Pon atención atenta:
mejor inspiración
que tú,
y glosa más discreta,
tiene mi primo Antón
en la bragueta,
conque... ¡hasta nunca,
maestro de poetas!
(Servidor de ustedes)
viernes, 16 de junio de 2017
Cantos de soledad
CANTOS DE SOLEDAD
I
¿A quién he de culpar
si tengo el corazón paralizado;
si, en vez de roja sangre,
por mis podridas venas
apenas se desliza,
como mortal serpiente inanimada,
un torrente de arena?
¿Quién podrá consolar
—de qué manera—
este vivir que es muerte
estrafalaria, inútil;
que es apagón de llama;
que es quimera?
Sólo puedo sentir
que no puedo sentir
lo que sentía,
y este torpe marchar
tan sin sentido
es ceguera que se troca
en agonía.
II
Hago como que hago
para matar el tedio
y llenar, con un soplo de vida,
esta cruel soledad
que es un lamento.
Dichoso el perseguido;
feliz el denostado;
gentil el criminal
que borra su pasado
con trazos de honradez
en cualquier lado.
Mas desgraciado el hombre
que antes fuera certero,
seguro de sí mismo,
cuando se encuentra solo
al borde del abismo.
Hago como que hago
para matar el tedio,
mientras cada segundo
va arrancando, a bocados,
mi vida sin remedio.
III
Maldito día gris
que en lluvia rompes
aquel bruñido azul
del limpio cielo.
Maldito día gris
que lloras sangre
brotada de mi carne
y de mis huesos.
Tu empañada mirada
es mi mirada;
tus errantes celajes
son mi alma;
tu tétrico vacío
me acongoja
y transforma en terror
mi tensa calma.
Si hasta la luz del Sol
me fue negada
y ya escuchar no puedo
el canto de las aves,
que buscaron cobijo
en la enramada,
habré de hallar mi fuerza
en mis pesares.
Negras puertas cerradas
a mi paso,
no escucharéis mi voz
ni mi lamento:
el roce de mis pies
entre la niebla
llave de oro ha de ser
en su momento.
Maldito día gris
que en frías dudas
conviertes mis certezas
más tozudas.
(Servidor de ustedes)
(Servidor de ustedes)
jueves, 30 de marzo de 2017
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He dicho.
sábado, 18 de febrero de 2017
Del reino mineral (Poema)
DEL REINO MINERAL
La pose sonriente,
hierática y forzada
de una estatua de mármol;
mirada penetrante
de azabache
fundida en pedernal
con soberbios destellos
de diamante;
mejillas de alabastro
inmaculadas,
puras,
e impasibles
y duras,
en las que
ni cariño ni bondad
dejaron rastro;
cruel boca de rubí;
dientes de nácar;
firmes y airados senos
de obsidiana;
cabellos de oro puro;
muslos prietos y duros
como acero;
pies de blanco marfil
y andar seguro,
que ponen en los míos
mil pasos vacilantes
e inseguros;
mente de sílice;
alma de cuarzo;
cerrado y oxidado corazón
de magnetita;
sentimientos de plomo;
impenetrable amor
forjado en malaquita...
Creo que eres,
más que mujer fatal
y ansiada amante,
un vil representante
de los seres
del mundo mineral.
(Servidor de ustedes)
(Servidor de ustedes)
lunes, 23 de enero de 2017
Contabilidad analítica (poema)
CONTABILIDAD ANALÍTICA
Mil una, mil dos, mil tres,
cuento las estrellas
cuando no me ves,
mil una, mil dos, mil tres,
y las olas locas
con brillo de pez.
Mil una, mil dos, mil tres,
recorro las leguas
detrás de mis pies,
mil una, mil dos, mil tres,
buscando en tus brazos
otro amanecer.
Mil una, mil dos, mil tres,
tu desdén me hiere
una y otra vez,
mil una, mil dos, mil tres,
y a pesar de todo,
pérfida mujer,
mil una, mil dos, mil tres,
me voy de tu lado
pensando en volver.
(Servidor de ustedes)
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martes, 20 de diciembre de 2016
jueves, 10 de noviembre de 2016
Joe´s Autumn
JOE’S AUTUMN
Ocre en las ramas.
Ocre en las nubes
lejanas
del poniente.
Ocre revoloteando
en las frías aceras
de la urbe.
La verde yerba,
durmiendo agazapada
bajo el manto
silencioso y espeso
de la hojarasca ocre.
Ocre en el Sol y la Luna ,
en las estrellas
y en aquellos
profundos
y amorosos
ojos que tú tienes.
Blanco en mis sienes.
lunes, 31 de octubre de 2016
El bosque misterioso
Siempre es un enorme placer recorrer el bosque, en cualquier época del año. Lejos del tráfago ciudadano, de la contaminación y del hormigón, el espíritu se remonta sobre los árboles silenciosos haciéndose uno con ellos; con el misterio de la Naturaleza, del que forma parte y al que pertenece desde siempre.
Y si el Sol nos hace guiños entre la fronda y la niebla, hasta podemos hacer unas fotos preciosas.
Como las que os muestro a continuación.
lunes, 17 de octubre de 2016
Frases hechas
FRASES HECHAS
Desde el “Alea jacta est” de
Julio César, hasta el “Sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas” (“Sangre, sudor y
lágrimas”, según otros) de Winston Churchill, hay multitud de frases hechas que
se vienen utilizando con más o menos oportunidad y frecuencia a lo largo de los
tiempos y hasta el momento presente. Están tan manidas, en su mayoría, que son
consideradas por el vulgo como infalibles asertos, indiscutibles e
indiscutidos. Hay una, muy buena, que sólo voy a mencionar de paso y un poquito
más, cual es aquélla de que “Cualquier opinión debe ser respetada”. Tales de
Mileto, en el siglo VI a.C., defendía que la Tierra era plana, y Anaximandro, su discípulo,
que tenía forma de cilindro. Es evidente que las opiniones de estos dos antiguos
personajes no podían ni debían ser respetadas.
Hoy en día, en buena lógica,
siguen empleándose las frases hechas sin ton ni son como broche de oro o
alegato irrefutable de cualquier discusión o debate. Sin ir más lejos, un
oyente de RNE, simpatizante del movimiento independentista catalán, aseguraba
hoy que “La democracia es el respeto a los votos”. Dicha así, la afirmación
parece universal e indiscutible, pero si te metes en profundidades meditativas
y asépticas la cosa cambia, porque –por ejemplo- yo puedo reunirme con mi
cuadrilla en el bar del barrio y decidir por 8 votos a favor y 2 abstenciones
que nos vamos sin pagar, acto que tendría muy poco de democrático y mucho de
filibusterismo. Deduzco, en consecuencia, que la democracia es mucho más que el
mero respeto a determinados votos.
Se maneja también profusamente en
los tiempos que corren eso de que “Exigimos el derecho a decidir”, que en
principio, y a mi modo de ver, lo único que tiene de malo es lo de “exigimos”.
Se ha perdido el sentido de la cortesía. Ya nadie pide las cosas por favor, o
rogando o con simple amabilidad. Todo el mundo exige. Todo el mundo tiene
derechos, pero nadie tiene obligaciones. Sea.
Aparte de eso, lo del derecho a
decidir tiene dos contrapartidas: tus conciudadanos también tienen derecho a
decidir, y nadie puede ejecutar la decisión tomada si va en contra de los
intereses de los demás. En otras palabras, el derecho a decidir choca con el
derecho de los demás a decidir que tú tengas o no derecho a decidir, pero
ninguno de los bandos está legal o democráticamente habilitado para ejecutar
tal decisión.
Por eso preferimos como forma de
gobierno la democracia y no las frases hechas, aunque ambas sean generalmente
inútiles.
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domingo, 16 de octubre de 2016
Expediente 01/4294943
Antes de ayer me llegó una multa por exceso de velocidad. Por lo visto, circulé a 92 km/h. por una zona limitada a 80 km/h. Son 100 eurillos reducidos a 50 por pronto pago.
Sin entrar en discusiones sobre quién, cómo y cuándo establece los límites de velocidad, o con qué criterios lo hace, cuelgo a continuación un relato que escribí hace unos 20 años por el mismo motivo, es decir cuando recibí la multa anterior por circular a 86 km/h. en una zona limitada a 60 km/h. Disfrutadlo, que merece la pena. Creo.
EXPEDIENTE 01/4294943
Dos asertos han cautivado mi
atención durante años; dos asertos que, de tanto usarlos, se han convertido en
verdaderos axiomas: "La
Justicia es ciega" y "Dura lex, sed lex".
¿Tendré alma de rebelde
anarquista a ultranza?
Sinceramente, pienso que no.
Desde que
abandonamos las tribus para vivir en grandes comunidades nos hemos ido
transformando, poco a poco, en gigantescos rebaños de borregos que —por miedo a
las alimañas— eligen democráticamente —los que pueden— a sus propios pastores y
perros guardianes, con el inconveniente de que pastores y perros pueden
degenerar en feroces depredadores que arrasen el rebaño impunemente y desde
dentro.
El rebaño es controlado a base
de leyes, normas, códigos, mandatos, ordenanzas, etc., etc., etc.
Bien está, pero, ¿qué debe
prevalecer, la letra o el espíritu de la
Ley ?
De esa forma, la Ley dejará de ser tan dura.
Porque la Ley es siempre dura cuando se
aplica con injusticia, o sea, cuando la Justicia es ciega.
Hemos creado una maquinaria
social kafkiana, capaz de autoalimentarse y de crecer por sí misma —y capaz,
también, de justificar su existencia con argumentadas razones— cuyos dientes,
tarde o temprano, nos alcanzarán.
Y la máquina puede
escucharnos, dialogar y comprender nuestros planteamientos y quejas, pero el
acceso a sus centros de control está tan lejos de nuestro alcance como la Estrella Polar. La
máquina nos oye y nos comprende, pero no puede dejar de funcionar por nuestra
causa. El bien común está por encima de los intereses particulares, pero sucede
que el bien común... ¡es la SUMA
de todos los intereses particulares!
Incluyendo el de usted y el
mío.
Hace algún tiempo recibí, como
una cuchillada por la espalda, la notificación de denuncia identificada como
"Nº. de expediente 01/4294943". La rueda de la Justicia se había puesto
en marcha contra mí.
La infracción era GRAVE, el
tipo de denuncia OBLIGATORIO y el precepto infringido el "Real Decreto
13/92 en relación R.D.L. 339/90".
Como hecho denunciado figuraba
el siguiente:
"Circular a 086 km/h . teniendo
limitada la velocidad a 060
km/h . tratándose de limitación especificada fijada por
señal.
Velocidad medida por
cinemómetro Multanova —¡atención al nombrecito del tal aparatejo cinemómetro!— 6F .O.C. METR. 15-11-84
Antena de Radar nº. 119
Agente denunciante: 02232
Causa de no notificación:
Agentes realizando otra denuncia.
Puede usted consultar la fotografía
en este Servicio."
El importe de la multa era de
veinticinco mil pesetas, y en la letra pequeña del documento informativo se me
comunicaba que tenía derecho a presentar un Escrito de Alegaciones.
Finalmente, a pie de página,
una NOTA MUY IMPORTANTE especificaba que en caso de infracciones graves
o muy graves podría perder el carnet de conducir durante tres meses.
Fue como si el Universo se me
hubiera venido encima de golpe.
¡Hacerme esto a mí, al mejor
conductor de Euskadi Sur...!
Clamé al Cielo y tampoco me
oyó, así que me armé de pluma y papel, de valor y de argumentos y, después de
repetir por dos veces el recorrido en el que había sido sancionado, redacté un
comedido pero suficientemente expresivo Escrito de Alegaciones, que remití por
correo certificado a la atención de la señora Instructora del susodicho
expediente.
Aducía, en mi descargo, mis
trescientos cincuenta mil kilómetros recorridos por carreteras de España,
Portugal, Francia y Bélgica, sin ningún accidente en mi haber; la antigüedad de
mi Permiso de Conducir, de casi treinta años, sin haber sido sancionado jamás
en carretera; mi pericia como conductor, capaz de circular a 120 km/h . entre Barcelona
y Logroño, con niebla cerrada; la inexistencia de limitación de velocidad a 60 km/h . en el tramo citado
por el agente denunciante, que realmente estaba limitada a 80 km/h y, finalmente, que
los policías no me hubieran comunicado la infracción "in situ", como
es preceptivo. Mi escrito terminaba con la tajante aseveración de que no creo
en la Justicia
humana que, además, en este caso, era una auténtica injusticia.
Me las prometía muy felices,
con mi alarde expositivo y sincero, y durante una semana casi llegué a confiar
—no sé por qué— en que mi carta cayera en manos de una persona en vez de en la
memoria de un ordenador.
Entonces recibí la respuesta.
¡Horror y desolación!
¡Mi gozo en un pozo!
El Agente 02232 explicaba a la
señora Instructora —según pude leer aterrorizado en la fotocopia que se me
adjuntaba— cómo el punto kilométrico donde se había producido mi infracción no
era el que yo pensaba —de acuerdo con mi cuentakilómetros—, sino un lugar
situado cinco kilómetros antes. Añadía el Agente 02232, textualmente, para
finalizar su informe: "...aunque la pericia de este conductor es increíble,
las normas de circulación son iguales para todos los conductores."
¡La guerra es la guerra para
todos!
No hay distinción de razas,
sexos o religiones; ni buenos, ni malos; ni guardias, ni ladrones. El que la
hace, la paga.
"Dura lex, sed lex"
Soy tan imbécil que, a pesar
de todo, mentalmente enajenado y enarbolando la bandera de mi buena fe como un
nuevo Ricardo Corazón de León en desigual combate contra la injusticia
fanatizante, me dirigí presuroso hacia la correspondiente Oficina no sin antes
detenerme —eso sí— en un telecajero,
para hacer provisión de fondos por si acaso.
Tranquilo, con el ánimo
sereno, revestido con esa casi áurea majestad que proporciona el saberse en
posesión de la verdad, me enfrenté a la funcionaria de turno que, por cierto,
resultó una persona simpática y agradable. Después de un breve intercambio de
saludos, solicité entrevistarme con la señora Instructora de mi expediente.
Creí que se me negaría la audiencia, pero no fue así. En pocos minutos, la
señora Instructora estaba frente a mí, al otro lado del mostrador.
Toda mi ferocidad, todo mi
rencor, todo mi afán de justicia, toda mi sed de venganza cayeron por los
suelos.
Me había preparado mentalmente
para enfrentarme a una matrona sin sentimientos; para desmenuzar sus argumentos
leguleyos sin compasión y satirizar su hombruno proceder y su sometimiento a un
sistema corrupto, ineficaz e injusto. Me había entrenado para luchar contra un
enemigo feroz e implacable... y me encontré delante de una chiquilla morena y
menudita que, con una sonrisa en los labios, me preguntaba qué deseaba. ¡Cielo
santo, si podía ser mi propia hija...!
Casi con un susurro le
expliqué mi personal punto de vista sobre su expediente sancionador. Le hice
ver cómo, en ningún momento, mi acción hizo peligrar vidas o haciendas. Le
remarqué la inutilidad del radar, que sólo puede usarse en tramos de carretera
rectos y de perfecta visibilidad donde, en consecuencia, menor riesgo existe
para el tráfico. Me ratifiqué como un conductor modelo, digno de ser admirado y
emulado, consciente de su responsabilidad en cualquier momento. Le expliqué la
inutilidad de la mayoría de las señales de tráfico, cuyo único resultado es
despistar al conductor en muchas ocasiones.
Ella me escuchó atenta y
solícita, sonriendo de una manera encantadora y comprensiva —¡tan menudita y
tan morena!—. Cuando terminé mi discurso, me dijo:
—Comprendo muy bien todo lo
que me dice, pero las quejas de ese tipo debe presentarlas en el Servicio de
Carreteras de la
Diputación. Nosotros nos limitamos a hacer cumplir las
normas.
Le dije que sí y añadí, en el
colmo de la inspiración:
—Tengo la impresión de haberme
confesado a través de esta ventanilla. ¿Podría darme su bendición?
Se alejó riendo, mientras
ordenaba a una de sus subordinadas:
—Agurtxane, cóbrale a este
señor esa multa de veinticinco mil pesetas.
Todavía tuve tiempo para
preguntarle:
—Oiga, ¿me van a quitar el
carnet de conducir?
—No; eso lo hacemos cuando las
multas son superiores a treinta y cinco mil pesetas.
Ahora tengo veinticinco mil
pesetas menos y un recibo con el número 8460, clave de caja U491, que
corresponde al expediente 01/4294943.
El Sistema ha vencido de
nuevo.
¡Maldito sea Henry Ford y los
que inventaron las señales de tráfico!
Los dientes del engranaje se
han cerrado sobre mis mórbidas e inocentes carnes.
Quise salirme del rebaño y
quizás lo conseguí, pero todavía estoy demasiado cerca, al alcance de los
pastores y de los perros, que aplican contundentemente cayados y dientes sin
preocuparse de hacer distinciones entre churras o merinas, porque a ellos les
importa un rábano la raza del borrego, siempre que siga siendo borrego y no
intente escapar. Todos somos iguales ante la Ley.
Me parece que, una vez más, me
han tomado el pelo.
"Dura lex, sed lex"
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